
Aquella mañana de principios de noviembre el viento soplaba con fuerza y el cielo plomizo amenazaba la visita que había proyectado para ese día. Realmente hacía frío; el termómetro de la autocaravana marcaba 3º C a mi llegada al aparcamiento del yacimiento arqueológico de Segóbriga. Eran las diez de la mañana y todavía no había nadie en el parking; frío, viento, presagio de lluvia y un día entre semana del mes de noviembre: todo estaba a favor para conseguir mi propósito, disfrutar de la soledad de pasear por el interior de uno de los anfiteatros romanos mejor conservados de la península ibérica.
En pocos minutos recorrí el ancho camino que une la zona de recepción del yacimiento con una de las bocas de entrada al anfiteatro. A medida que iba entrando en él, el sonido crujiente de mis pisadas sobre la gravilla iba aumentando su volumen; al mismo tiempo, el fuerte silbido del viento se detuvo nada más entrar en la arena del antiguo anfiteatro de Segóbriga. De repente di un fuerte pisotón y, sí, como me imaginaba, retumbó en las paredes de aquella vieja construcción. El lugar, como pretendía el poder romano, impresiona.
Durante un buen rato paseé sin rumbo fijo. Mientras buscaba los mejores ángulos para las fotografías, pensaba en las personas que habían pasado por allí casi dos mil años antes. Es un buen ejercicio intentar conectar con el miedo que sentía un esclavo recién llegado de la Dacia, obligado a enfrentarse con una simple espada a otros tres llegados del norte de África. Mientras tanto, en la fila superior y de pie, les observaba un anciano campesino que, en su soledad, seguía negándose a olvidar las antiguas creencias celtíberas transmitidas por sus antecesores. Ambos tenían una cosa en común: se sentían oprimidos y desubicados conviviendo con la arrolladora cultura imperialista de los romanos.

Sí… los celtíberos, los galos, los númidas, los tracios y muchos otros pueblos mediterráneos sucumbieron impresionados por el esplendor cultural representado en el urbanismo que construyeron los romanos. El yacimiento arqueológico de Segóbriga es uno de los mejores ejemplos de la península ibérica para aproximarse a esta visión.
La conquista de la Celtiberia
Segóbriga se encuentra situada en un cerro a 857 m s. n. m., rodeado por el sur por el río Cigüeña; es un lugar típico de las construcciones prerromanas de la península ibérica. Desconocemos su origen, aunque es evidente que, por la grafía de su nombre, fue un castro celtíbero, la “ciudad de Sego”, si bien ignoramos quién era este personaje.
La lucha de los celtíberos contra los invasores romanos fue larga y una de las más conocidas historiográficamente. Prácticamente se inició a principios del siglo II a. n. e. Tras las primeras conquistas romanas llegaron los pactos con las élites celtíberas: libertad de explotación de las tierras a cambio de “no agresión”, una serie de tributos y la prohibición de fundar nuevas ciudades o fortificar las viejas. Era evidente que se trataba de un pacto desequilibrado, y celtíberos y lusitanos, al unísono, decidieron romperlo ante los abusos y la presión ejercida por el agresor. Corría el año 146 a. n. e.
Precisamente ese año se produce la entrada en la historia de Segóbriga, o al menos eso es lo que nos dicen los autores clásicos que hablan de ella, entre ellos Plinio, Apiano o Frontino. Fue mediante un doble ataque de los lusitanos: en el primero, destinado al robo de ganado, se produjo la posterior ejecución de los guerreros celtíberos que salieron tras los ladrones y cayeron emboscados. El segundo tuvo lugar tres días después, cuando los lusitanos entraron en el castro, cogiendo desprevenidos a los celtíberos, ocupados en sus actividades religiosas. Fueron incidentes, ni grandes batallas ni tomas de territorios; los lusitanos deambulaban por la meseta para enfrentarse a las tropas romanas en su particular y efectiva guerra de guerrillas. Ello nos lleva a especular que, de alguna forma, Segóbriga estaba ya controlada por los romanos.
Arqueológicamente no está demostrada esta historia. No se ha hallado ninguna construcción del periodo prerromano, debido a la profunda reforma urbanística acometida a partir de la municipalización de Segóbriga, desde el año 15 a. n. e. Con labores de aterrazamiento, relleno y nivelado para la construcción de las edificaciones de la cultura romana se enterró su pasado celtíbero. En recientes catas han surgido cerámicas prerromanas y una curiosa placa de hueso con la representación de una esfinge alada que, estilísticamente, se ubica en el periodo heleno-etrusco; por lo tanto, la zona pudo estar habitada desde el siglo VI a. n. e.
La romanización de Segóbriga

Como he señalado en el punto anterior, en la historia de Segóbriga hay un punto de inflexión en el año 15 a. n. e. Hasta entonces, su vínculo jurídico con Roma estaba regido por un contrato de civitas stipendaria, relación concedida a las ciudades conquistadas que no habían ofrecido una gran resistencia. Dicha relación se basaba en el stipendium, un impuesto a pagar monetariamente o en especies. A cambio, sus ciudadanos se consideraban libres, pero sin derechos; la buena marcha de este pacto era supervisada por gobernadores romanos.
Después de ese año se concedió a Segóbriga la categoría de municipio romano. Los segobrigenses se convirtieron en ciudadanos romanos con derechos, protegidos por las leyes romanas, y su economía se integró en la estructura estatal romana. La participación en el derecho romano llevaba consigo la organización política: un senado local y magistrados elegidos por el pueblo. Todo ello abrió las puertas a la edificación tradicional de la cultura romana.
La rápida evolución hacia la romanización de Segóbriga ya se había acelerado con antelación, tras la destrucción de Contrebia Carbica durante las guerras sertorianas (82-72 a. n. e.), ciudad situada unos seis kilómetros río abajo del Cigüeña. Hasta aquel momento, Segóbriga debía de ser un castro dependiente de la ciudad señalada; esta ejercía la capitalidad territorial y el control de las explotaciones mineras de lapis specularis. Hacia el año 50 a. n. e., una delegación de segobrigenses, encabezada por L. Livius L. f. Ocella, abuelo del futuro emperador Galba, visitó Roma. En aquellos momentos ya producían moneda y controlaban el sistema minero regional. La ciudad creció rápidamente y, antes del renombrado año 15 a. n. e., ya existían murallas, templos, termas y numerosas viviendas, todo ello en un trazado ortogonal de 10,5 hectáreas, la misma extensión que aparece tras las reformas imperiales.
Visita a la Segóbriga imperial
La reforma imperial fue profunda; los movimientos de tierra sepultaron muchas estructuras anteriores, lo que ha confundido la visión estratigráfica de la ciudad y ha dificultado algunas contextualizaciones.
Tras abandonar el anfiteatro traspasé la puerta norte para dirigirme a las termas del teatro. Había leído sobre ellas; son un ejemplo singular en la península ibérica y, además, el espacio constructivo que mejor nos puede ayudar a entender la rápida romanización de Segóbriga. Lo más llamativo al llegar, que no lo más importante, es una serie de hornacinas que efectuaban el mismo servicio que hoy cumplen nuestras modernas taquillas. Las termas eran las habituales de la cultura romana: un circuito termal de ida y vuelta a través de distintas estancias —vestíbulo, vestuarios, agua templada, baños de vapor y agua caliente—; esta última era la estancia mayor y tenía unos 50 m². Las termas contaban con dos accesos: uno exterior y público, y otro desde un gimnasio a cielo abierto, rodeado de una zona porticada en forma de U; dicho gimnasio también tenía su propia piscina. Este último espacio, adosado a la muralla, servía para el entrenamiento de los jóvenes segobrigenses, que recibían una instrucción de inspiración helenística, inicio de su cursus honorum. Al ser uno de los primeros espacios descubiertos, sus dataciones son confusas, habitualmente asignadas al periodo de Augusto, aunque la investigadora Rosario Cebrián apuesta por un origen constructivo tardorrepublicano. Lo cierto es que fue un espacio transformador y controlador para la romanización de las élites celtíberas.

Antes de seguir la ruta por el interior de Segóbriga debo volver al punto de inicio, al anfiteatro y a su hermano, el teatro. La historia de ambas construcciones es indisociable; este hecho también es singular, ya que habitualmente, en la romanización o nueva construcción de las ciudades romanas, se erigía antes el teatro y posteriormente el anfiteatro. En Segóbriga fue al unísono. Son construcciones extramuros; el anfiteatro incluso escondía la entrada de la ciudad. Tuvo que ser un enorme esfuerzo constructivo para una ciudad pequeña, pero había que levantar las dos construcciones más emblemáticas de la cultura romana. Las obras comenzaron en torno a la muerte del primer emperador, en el año 14, y finalizaron durante el periodo del emperador Vespasiano (69-79).
Algunos datos sobre estas construcciones:
El anfiteatro es la edificación más reconocida del yacimiento. Ya en el siglo XVI existen testimonios de este reconocimiento. Ambrosio de Morales, fraile humanista, se intrigó por el origen de los grandes sillares que llegaban para la construcción del monasterio de Uclés; siguiendo su trayecto llegó al anfiteatro, introduciendo su existencia en algunas de sus obras. El edificio, como es habitual, es de planta elíptica, de 77 × 66 m, con una superficie total de 3.836 m². Las primeras filas de la cávea sur fueron excavadas directamente sobre la ladera dominada por las murallas de la ciudad, mientras que para la cávea de la zona norte se tuvo que construir un potente muro de 18 m de altura. La arena que pisaron esclavos, destacados luchadores profesionales y algunas fieras fue excavada para rebajar su nivel; el material extraído sirvió para los sillares del graderío. En su interior, 1.122 m² se destinaban a la lucha a muerte de ciertos personajes y al disfrute de un pueblo ya romanizado culturalmente. Se calcula que podían entrar unas 5.500 personas, un número superior a la población estimada de Segóbriga. Accedían por nueve vomitorios, el más importante situado frente a la puerta norte de la ciudad; el resto estaba destinado a viajeros llegados de todos los rincones del espacio geográfico controlado por los segobrigenses.

A su lado, tras traspasar la calzada de acceso a la ciudad de Segóbriga, se encuentra el teatro. Es curioso: si el anfiteatro se conoce desde casi siempre, el teatro no salió a la luz hasta los años cincuenta del siglo XX, y prácticamente hasta finales del siglo pasado continuaron las diferentes campañas arqueológicas que nos permiten observarlo hoy. El problema fue el rápido derrumbe de la escena frontal, además de la construcción de viviendas en época tardorromana; al cristianismo no le gustaban las construcciones paganas. En algunas de estas casas se han encontrado restos del frente escénico, como capiteles, fustes y fragmentos de inscripciones. El resto fue utilizado como relleno de las partes inferiores del graderío, donde se hallaron restos de figuras togadas. Tras el análisis de los hallazgos se apreció que el frente escénico fue un acto propagandístico de la familia imperial. Mejor estado de conservación presenta la cávea, casi completa, dividida en tres partes diferenciadas y separadas por muretes para ubicar a las distintas clases sociales. El proscaenium, es decir, el escenario, ha sido reconstruido con materiales del siglo XXI. Siempre me ha parecido muy oportuno que se disfrute el patrimonio histórico para mantenerlo vivo, además, de la misma forma que se utilizó hace dos mil años. En los meses de verano se suceden conciertos, ciclos de teatro y diferentes espectáculos, aprovechando tanto el teatro como el anfiteatro. Por Segóbriga han pasado grandes artistas como Rozalén, Sara Baras o el enorme Enrique Villarreal, “El Drogas”.

«Adoctrinando» a los celtíberos
Para seguir la visita subí hasta el foro. Hoy en día no tiene pérdida; se ve desde lejos gracias a la recreación del pórtico meridional con una estructura metálica, cuya utilidad me permito dudar.
El foro ha sido uno de los últimos grandes descubrimientos de Segóbriga; prácticamente no se excavó hasta el siglo XXI. Hoy, junto a la estructura metálica, todavía se conservan algunas zonas del enlosado de la parte central del recinto, un rectángulo de 38 × 32 m. En uno de los laterales se observan los restos de un basamento de unos 50 m² que sostenía una gran estatua ecuestre. También se distinguen diferentes pedestales que soportaban las estatuas de destacados personajes de la vida social y religiosa de Segóbriga.

Los estudios realizados tras los hallazgos del foro han arrojado resultados llamativos. La ciudad de Segóbriga no era una de las grandes urbes de la Hispania romana, ni en extensión ni en población; siendo generosos, puede considerarse de tamaño medio. A pesar de ello, fue la segunda de toda Hispania en número de sacerdotes flamines, solo por detrás de la capital, Tarraco. Conviene señalar que estos sacerdotes eran los encargados de las ceremonias del culto estatal y, desde Augusto, se pusieron al servicio del culto imperial.
Otro hallazgo llamó especialmente la atención. En el enlosado del foro se hallaron restos de una inscripción: Proculus Spantamicus. Por lógica, debió de ser el promotor económico de la construcción. Lo curioso es que la epigrafía está elaborada con letras áureas, una tipografía originaria del mandato de Augusto y relacionada con la reafirmación del cambio político acontecido en Roma con el paso de la República al Imperio. Los primeros ejemplos de su uso en Roma son del año 17 a. n. e.; la inscripción de Segóbriga es del año 15 a. n. e.
Son evidencias claras del interés de Roma por la rápida romanización de Segóbriga y, como suele ocurrir, detrás de cualquier interés se encuentran los asuntos económicos. La pequeña ciudad celtíbera era un importante nudo de comunicaciones entre la meseta y las vías que conducían al Mediterráneo. A su alrededor se extendían tierras fértiles para la explotación cerealista, pero, sobre todo, recientemente se había convertido en centro administrativo de referencia para la explotación de las minas de lapis specularis, el vidrio utilizado en las ventanas de las construcciones romanas.
Entre los años 16 y 13 a. n. e., enviados muy allegados al emperador, como el secretario imperial de Augusto, M. Porcius Pupinia, visitaron Segóbriga. No se descarta incluso el paso del propio emperador durante su estancia en Hispania; en uno de los laterales del foro se hallaron restos de un templete dedicado a Augusto. Lo cierto es que los pactos allí acontecidos convencieron plenamente a la aristocracia segobrigense y, en pocas décadas, su romanización fue plena. Una pequeña ciudad romana del interior de Hispania llegó a aportar trece senadores a Roma, un cargo vetado a los más ricos y poderosos del Imperio. Sin duda, un dato relevante sobre la riqueza de Segóbriga. Pero no olvidemos que ese dinero procedía de dos actividades extremadamente duras y penosas: la agricultura y la minería. La ciudad debió de ser también un lugar habitual de paso de esclavos y libertos encandilados por la majestuosa imagen de Segóbriga.
Otras visitas de Segóbriga
Tras salir del foro, resulta interesante continuar la visita por una terraza superior, donde se encuentran consecutivamente los restos de tres construcciones erigidas con posterioridad al centro social de Segóbriga.

En primer lugar, al otro lado del kardo maximus se construyó un templo para el culto imperial, de unos 36 × 20 m, con una estructura típica del modelo augusteo. Para acceder a su interior era necesario subir una gran escalinata. La edificación presentaba una nave tripartita: la central a cielo abierto y las laterales bajo peristilos, con un ábside rectangular elevado como destino final. Fue levantado a partir del año 70, posiblemente tras culminarse las obras del anfiteatro y el teatro, a comienzos de época Flavia. En su interior se halló una cabeza de mármol, supuestamente del emperador Vespasiano, y un altar dedicado a la diosa Fortuna.

Tras él, y alineadas, aparecen las termas monumentales. Se construyeron a finales del siglo I y su uso era, evidentemente, similar al de las termas del teatro. Los visitantes eran recibidos en un patio rectangular descubierto, rodeado de peristilos, donde se ejercitaban o se preparaban para el baño. El resto lo componían las estancias habituales: frigidarium (agua fría), tepidarium (agua templada), caldarium (agua caliente) y laconicum (sauna). Las dos últimas se encuentran hoy bajo la ermita construida posteriormente.
En el lado norte, adosado a las termas, se observa el único mosaico del yacimiento, reconstruido con 120.000 teselas. Pertenecía a la vivienda de Caio Iulio Silvano, un procurador minero del siglo III. Es evidente que, incluso en plena crisis imperial, el negocio del lapis specularis seguía proporcionando grandes beneficios a Roma.

En las afueras se construyó, a partir del siglo II, un circo romano, del que hoy solo se vislumbra su contorno. Sin embargo, es una edificación que reafirma el objetivo con el que visité Segóbriga. Durante la visita resulta muy fácil comprender el proceso seguido por Roma para culturizar a los pueblos conquistados. Como es habitual en estos casos, constituye una gran ventaja visitar yacimientos que fueron abandonados y que hoy no se hallan ocultos bajo grandes ciudades.

Fuentes:
Abascal J. M., Almagro-Gorbea M., Cebrián R. (2004). Segóbriga. Guía del Parque Arqueológico. Real Academia de la historia. Madrid.
Abascal J. M., Cebrián R., Moneo T. (1998-1999). La imagen dinástica de los Julio-Claudios en el foro de Segobriga (Saelices, Cuenca. Conventus carthaginensis). Lucentum Nº 17-18, pp. 183-194.
Cebrián R. (2017). «Segobriga, civitas stipendiaria» (Plin. HN 3.25): Nuevos datos arqueológicos sobre el urbanismo inicial de la ciudad. Gerión vol. 35 Nº 2, pp. 471-489.
Almagro-Gorbea A., Almagro-Gorbea M. (1997). Análisis y reconstrucción del anfiteatro de Segóbriga. En Ciudades romanas en la provincia de Cuenca: homenaje a Francisco Suay Martínez, pp: 69-92.
- Segóbriga: La Historia Oculta de la Celtiberia romanizada

- Casas Viejas: ¿error o trampa a la Segunda República?

- Medina Azahara. Ocho décadas de esplendor andalusí (I)

Descubre más desde
Suscríbete y recibe las últimas entradas en tu correo electrónico.