
Pla de Petracos es uno de los enclaves más singulares del Neolítico en la península ibérica. Sus abrigos decorados revelan la importancia simbólica que este lugar tuvo para los primeros agricultores de la región. Las figuras macroesquemáticas y los motivos representados sugieren que Pla de Petracos funcionó como un auténtico santuario religioso, donde la comunidad expresaba sus creencias y su relación con la naturaleza.
Al santuario de Petracos no se llega de casualidad; hay que ir a buscarlo por estrechas y curvilíneas carreteras hacia el interior de las montañas alicantinas. Pero al llegar y contemplar aquel lugar reconforta todo lo sufrido. Sabía perfectamente dónde iba: como acérrimo enamorado del arte levantino, he recorrido la geografía peninsular de punta a punta para encontrarme con diferentes lugares con representaciones de arte postpaleolítico. Aquel día iba a descubrir una forma artística muy diferente, y no me imaginaba lo que realmente me iba a impresionar aquel lugar.
El santuario de Pla de Petracos
El santuario se localiza en el municipio alicantino de Castell de Castells, junto a la estrecha carretera local que une esta localidad con su vecina la Vall d’Ebo. Existen dos pequeños aparcamientos para dejar el vehículo, calzarse las botas de senderismo y subir unos 300 m hasta la base del murallón que acoge el lugar. El santuario de Pla de Petracos fue incluido en 1998 en la lista de Patrimonio Mundial, junto al resto de pinturas levantinas y esquemáticas del Arco Mediterráneo. Las pinturas se ven a simple vista desde varios metros, pero recomiendo llegar al lugar con unos pequeños prismáticos y el zoom de la cámara; yo me los olvidé abajo en la autocaravana y luego me arrepentí de no haber bajado a por ellos.

Las pinturas de rojo intenso se reparten en ocho abrigos; la mitad de ellos carecen de interés, ya sea porque son poco visibles o bien porque las representaciones son menos interesantes. Como por ejemplo el catalogado como n.º 1, situado a la derecha y apartado del conjunto principal: solo se observan, y además precariamente, un ciervo y dos cazadores de estilo levantino; sinceramente, hay mejores lugares para conocer este arte. Por lo tanto, nos centraremos en cuatro de estos abrigos:
Abrigo n.º 4. Se distingue porque es el más grande de todos, unos 7 × 2,75 m. En él aparecen diversos motivos macroesquemáticos: tres figuras humanas que parecen estar con sus brazos entrelazados. Sobre la central, la más reconocible, se pintó un triángulo a modo de sombrero, con el vértice hacia la parte superior, señalando la importancia de este personaje frente a los otros dos. La escena se remata con una gruesa línea curvada en la parte derecha que pretende enmarcarla.
Abrigo n.º 5. Parece el más pequeño, pero sin duda es el más importante del lugar. La pintura ocupa casi por completo el pequeño abrigo, de menos de 2 m, representando una figura humana en forma de orante, con los brazos levantados al cielo y rematados con los dedos mecidos al aire. Su posición corporal es más difícil de interpretar, ya que las piernas acaban discurriendo paralelas a los brazos. Recurriendo a la imaginación, es como si la imagen hubiera sido tomada cenitalmente y el personaje estuviera arrodillado y echado hacia atrás. Destaca que entre los brazos del primero aparece otro orante, de menor tamaño, este de pie. De ambos salen múltiples rayas de forma perpendicular; la interpretación de estas es muy compleja, aunque podemos pensar en varias opciones: algún tipo de vestimenta, un vello corporal erizado o la emanación de algún tipo de luminiscencia —son interpretaciones personales—. Ambos personajes están rodeados de varios serpentiformes; en el siguiente abrigo los conoceremos un poco mejor.

Abrigo n.º 7. El más interesante es el panel n.º 2, donde se observan tres serpentiformes; el central parece ser más importante. Este tipo de representaciones es muy habitual en la pintura macroesquemática. Son interpretadas como vegetales: en la parte inferior se observa una serie de círculos concéntricos, que serían las semillas de donde surge el tallo de la planta; suelen rematarse con los “dedos” de la parte superior.
Abrigo n.º 8. A este abrigo se le ha asignado el que más motivos religiosos contiene, aunque realmente es el más complicado de interpretar. En el panel n.º 2 se observa una presunta figura femenina, con una supuesta falda; personalmente, me cuesta esta interpretación. Se asigna a diosas o sacerdotisas y se relaciona con la fecundidad agrícola. Más evidente me resulta la interpretación del panel n.º 3: en la parte derecha aparecen cuatro líneas curvadas en la parte superior que simulan crecimiento; al lado, tres gruesas líneas rematadas en la parte superior con círculos o semicírculos. Personalmente, me recuerda mucho a representaciones calcolíticas de ojos oculados. Pero la interpretación oficial me parece acertada, al ser catalogado como la cara de un toro desde una vista frontal. La simbología de este animal como garante de la fecundidad recorre el Mediterráneo prehistórico de punta a punta. En el caso de aceptarse como un “toro”, estaremos admitiendo que es la única representación de zoomorfos de todo el arte macroesquemático.

El lugar elegido para pintar aquellas imágenes no fue escogido al azar. Una esplanada que podía ubicar a varias decenas de personas para la observación de aquellas representaciones religiosas, y su situación con ligera inclinación ascendente hasta el farallón, convertían a este accidente geográfico en un espectacular “retablo”. Estas figuras fueron pintadas en pequeños abrigos de color amarillento, donde el rojo intenso resaltaba claramente. Los rayos solares solo incidían sobre las figuras a partir del mediodía; durante la mañana, posiblemente mientras se preparaba la ceremonia, la sombra cubría el lugar destinado a la misma.

A Pla de Petracos llegaban feligreses desde distintos puntos con el fin de participar en ritos religiosos relacionados con la agricultura. No fue el único lugar donde se practicaron dichos ritos. Dos espacios más han sido considerados santuarios macroesquemáticos: el barranco de Benialí y el abrigo de la Sarga, ambos relativamente cercanos. Hay un aspecto evidente: la religión profesada en estos abrigos, como veremos en los siguientes puntos, tuvo con toda probabilidad un origen alóctono.
El arte de los recién llegados
Asegurar algo al cien por cien en prehistoria es complicado, pero cuando las evidencias son tan claras, las teorías se transforman en principios ampliamente aceptados. De ahí que se señale, sin apenas oposición, el origen alóctono del arte esquemático y de la religión que llevaba consigo. Pla de Petracos se descubrió en 1980; solo dos años después, en el Coloquio Internacional de Arte Esquemático celebrado en Salamanca, el arte macroesquemático fue aceptado como una forma artística postpaleolítica propia y particular de las comunidades agrícolas portadoras de la nueva economía en la península ibérica.

Hasta la actualidad se han encontrado representaciones macroesquemáticas en unos 18 abrigos, situados en las sierras interiores —Aitana, Mariola, Benicadell— de la provincia de Alicante. La mayoría de los abrigos se encuentran en valles angostos que unen las tierras cultivables interiores con el mar.
Todas las representaciones tienen en común la utilización exclusiva de pintura roja, con un alto contenido de óxido de hierro. Son figuras de un tamaño muy superior al resto de las halladas en otros estilos artísticos postpaleolíticos —esquemático y levantino— y con un marcado carácter conceptual y simbólico, en evidente contraste con el carácter narrativo del arte levantino. El corpus principal de este arte lo conforman los antropomorfos y los motivos geométricos: ramiformes, esteliformes y, especialmente, los serpentiformes.
No puedo dejar pasar por alto teorías, en un principio no aceptadas por el resto de la comunidad de prehistoriadores, sobre una cierta expansión del arte macroesquemático por el resto de la Comunidad Valenciana, e incluso más allá. Normalmente son trabajos de la Universidad de Alicante de las últimas décadas del siglo pasado, lo que ha llevado a la oposición a tildarlos de “localismo”.
Se intentaron asignar al arte macroesquemático diferentes representaciones, principalmente con motivos geométricos, de abrigos cercanos a ríos tributarios de la cuenca del Júcar. Entre ellos, el abrigo de los Gineses y el más conocido de la Cova de la Araña, ambos en la localidad de Bicorp. Si nos alejamos un poco más, cabe señalar unos zigzags representados en la Cova del Civil (Castellón), descubiertos bajo la imponente escena levantina del ritual guerrero. Por último, viajamos hasta la provincia de Huesca, a las coves de Baldellou, a orillas del Noguera Ribagorzana.
En los últimos años, en busca de un consenso, se ha introducido un nuevo concepto: el arte esquemático antiguo, cuyos autores serían las sociedades indígenas que incorporan la economía neolítica. Por lo tanto, se asigna al arte esquemático la herencia cultural del macroesquemático, adaptada a nuevas sociedades. Personalmente, creo que es un gran acierto esta postura.
Colonización neolítica en torno al arte macroesquemático
El arte macroesquemático navegó en una corriente cultural de cerámicas impresas desde Oriente a Occidente. De ahí que sus representaciones parietales tengan un paralelo mueble en la cerámica impresa, gracias a lo cual podemos contextualizarlo cronológicamente, con una datación de inicio aproximadamente a mediados del VI milenio a. n. e. Su extensión como forma artística estuvo muy acotada en el tiempo; posiblemente no pasó de cuatro o cinco siglos. Aunque a nosotros nos parezca una eternidad, en prehistoria es un espacio temporal pequeño: ni las sociedades, ni la religión, ni la cultura estaban presididas por la vertiginosa transformación que sufrimos en la actualidad.
Junto al arte macroesquemático, aquellos hombres y mujeres que llegaron por el mar Mediterráneo llevaban consigo lo que se ha determinado como “paquete neolítico”: cerámica, piedra pulida, cereales y ganadería, y en su mente sus propias tradiciones heredadas, entre ellas la religión.
Se introdujeron por los ríos buscando las mejores condiciones climáticas, los terrenos más fértiles y los pastos necesarios para sus ovejas y cabras. En la actualidad se trabaja en la comprensión de su patrón de ocupación, que en un principio fue ordenado, además de no encontrarse, al menos al principio, con grupos mesolíticos indígenas, ocupando territorios deshabitados en aquel momento.
Las estructuras domésticas no tuvieron un patrón fijo. Es muy evidente la ocupación de grandes cuevas, como la Cova de l’Or, la Cova de la Sarsa o la Cova Fosca; en esta última se hallaron huesos de ovejas que atestiguan la llegada de estos animales domesticados. Pero también se asentaron en valles angostos, donde construyeron los primeros poblados estables, siendo el ejemplo más destacado el Mas d’Is, donde se han hallado superficies niveladas de al menos tres viviendas. A una de ellas, reconstruyendo los agujeros de poste, se le ha otorgado una estructura rectangular de unos 10 m de largo. En otra se hallaron los restos de una estructura de combustión excavada en el suelo, con unas dimensiones importantes (2,5 × 1,5 m), con restos de barro cocido y materia orgánica; es decir, cocinaban y endurecían la cerámica en el mismo lugar. Con la aparición de los primeros poblados se constata la progresiva especialización de las cuevas: para el encierro de ganado, ocupaciones temporales posiblemente ligadas a la caza e incluso enterramientos.
La cerámica impresa en el Mediterráneo
Como ha quedado resaltado, las ollas que se cocían en aquellos fuegos eran una industria que llegó a través del Mediterráneo. En el lugar que nos ocupa hoy se han denominado cerámica cardial. El nombre procede del uso de las conchas de un berberecho (Cardium) para hacer las incisiones decorativas en las piezas de cerámica elaboradas.

Esta cerámica se ha convertido, de este a oeste, en marcador arqueológico del llamado modelo de Difusión Démica. Grupos neolíticos avanzaron durante milenios desde el Próximo Oriente hasta el último rincón de Europa occidental. Este hecho fue corroborado mediante estudios genéticos comparativos entre yacimientos occidentales y orientales. Los resultados coincidieron con el hallazgo y la datación de diferentes cerámicas incisas halladas en zonas como Italia, Francia o España.
Se han localizado por toda Italia, desde el norte al sur, e incluso en las islas de Cerdeña y Sicilia, yacimientos neolíticos con cerámica cardial muy similares a las halladas en la provincia de Alicante. Llama también la atención que las dataciones más antiguas pertenecen a zonas montañosas cercanas al mar, como las de la región de los Abruzos, con cronologías entre 5.800 y 5.700 a. n. e. En Francia, recientemente, se ha encontrado el eslabón perdido del Neolítico: hasta hace poco era muy conocido el Neolítico del centro y noroeste, en regiones como Bretaña y su explosión megalítica del V milenio a. n. e. Hoy día se estudia un yacimiento neolítico en la zona de la Costa Azul, del que ya se han extraído restos de cerámica cardial datados en torno a 5.700 a. n. e.

Ya solo nos queda la zona alicantina, donde llegaron entre 5.600 y 5.500 a. n. e. Sus asentamientos en cuevas y posteriormente en poblados dieron como resultado la introducción de la cerámica en la zona. Destacan piezas de la Cova de l’Or, donde se observan claramente figuras relacionadas con el arte macroesquemático. Un inciso antes de terminar: durante largos años del siglo XX esta zona fue declarada como pionera de la neolitización; hoy día el debate sigue abierto. Zonas de Huesca (Cueva de Chaves) o Jaén (Cueva del Nacimiento) han dado dataciones más antiguas, incluso cercanas a dos siglos. Un debate realmente llamativo, ya que ambas son zonas muy interiores.

Fuentes:
Hernández M. S., Ferrer, P., Catalá E., Soler J. A., Pérez R. (2004).Pla de Petracos, patrimonio de la humanidad: (Castell de Castells, Alicante). Museo Arqueológico de Alicante – MARQ.
Hernández M. S. (2016). Arte Macroesquemático vs. Arte Esquemático. Reflexiones en torno a una relación intuida. Del neolític a l’edat del bronze en el Mediterrani occidental. Estudis en homenatge a Bernat Martí Oliver. pp. 481-490.
Cardito L. M. (1998). Arte macroesquemático y paralelos mediterráneos: Apuntes para su cronología. Saguntum nº 31, pp. 99-108.
Hernández M. S. (2000). Sobre la religión neolítica: A propósito del arte macroesquemático. Scripta in honorem Enrique A. Llobregat Conesa vol. 1 pp. 137-156.
Bernabeu J., Orozco T., Díez A., Gómez M., Molina F. J. (2003). Mas d’Is (Penàguila, Alicante): Aldeas y recintos monumentales del Neolítico Inicial en el valle del Serpis. Trabajos de Prehistoria Vol. 60 nº 2, pp. 39-59.
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