Imagen creada con IA, (Copilot/J.M. Escalante)


La Atenas del siglo VII a. n. e. distaba mucho del ideal democrático con el que nos ha sido presentada la cultura griega. Las diferencias sociales y el poder económico en manos de los eupátridas, es decir, la aristocracia terrateniente, llevaron al descontento a la población ateniense. Todo ello a pesar de contar con una serie de instituciones que proclamaban el poder del pueblo para decidir sobre los asuntos de la comunidad.

En este contexto nació Solón alrededor del año 638 a. n. e., para convertirse en uno de los «siete sabios de Grecia», además de uno de los mayores genios políticos que dio la cultura griega. Su defensa a ultranza de los derechos de los campesinos griegos le valió la designación como arconte en el año 594 a. n. e. En aquella época, el arcontado era el máximo poder al que podía aspirar un dirigente griego. En concreto, existían tres arcontes que actuaban simultáneamente, repartiéndose los poderes ejecutivos, militares y religiosos.

La filosofía de un político de letras.

Podemos decir que Solón fue un gran escritor y poeta, y puso ambas virtudes al servicio de la política. En especial, su poesía estuvo dedicada a tratar los problemas sociales y políticos de sus conciudadanos, siendo esta su forma de acercarse al pueblo.

La filosofía de Solón puede definirse con una sola palabra: eunomía, es decir, el buen orden y el buen gobierno. A través de ella, pedía a los dirigentes tratar bien a su pueblo, especialmente en el respeto hacia los más débiles, y al pueblo acatar las leyes establecidas.

Pero el gran paso de Solón fue su relativo alejamiento del peso de la religión en la vida política. A pesar del respeto a las tradiciones, afirmó ante sus conciudadanos que: —la justicia social solo se logra si es elaborada por el hombre—, y que este no debía conformarse con los designios de los dioses de la antigua Grecia. Por lo tanto, podemos deducir que los oráculos griegos no debieron tener gran trascendencia en las decisiones legislativas de Solón.

Las tablillas solonianas

Las tablillas fueron el soporte elegido por el nuevo legislador para plasmar las leyes por las que debía regirse Atenas. Posiblemente tenían forma cuadrada y giraban en torno a un eje central, aunque otras podían ser piramidales. Estaban escritas en griego arcaico en sistema bustrofédico: una línea se leía de izquierda a derecha, mientras que la siguiente lo hacía en sentido contrario.

Solón con las tablillas solonianas, imagen creada con IA (Copilot/ J. M. Escalante)

Los temas tratados en ellas abarcaron un amplio espectro legislativo, desde el derecho penal hasta el político y civil, incluyendo aspectos relacionados con el comercio.

Originalmente fueron colocadas en la Acrópolis de Atenas, donde quedaron destruidas con la llegada de los persas en el año 480 a. n. e. Su reconstrucción se realizó minuciosamente y Efialtes, otro de los grandes reformadores griegos, las trasladó al mercado de Atenas para que estuvieran en el lugar más cercano al pueblo. Sin embargo, posiblemente no era el lugar más seguro, por lo que su destino final fue el Pritaneo de Atenas, sede del poder ejecutivo ateniense situada en el Ágora. Allí permanecieron durante siglos, hecho que nos lleva a comprender la enorme importancia que las leyes de Solón tuvieron para la democracia griega.

Los puntos más importantes de las reformas de Solón

Como hemos comentado anteriormente, Solón llegó al arcontado en el año 594 a. n. e. Nada más asumir el cargo, se puso manos a la obra. Sus reformas afectaron a todos los estamentos de la vida pública ateniense, y su importancia reside en el reconocimiento posterior que recibieron. Sin ir más lejos, Aristóteles, dos siglos y medio después, afirmó que las reformas de Solón habían introducido la democracia en Occidente.

El principal problema del Ática era el descontento entre los agricultores, y fue abordado por Solón en primer lugar. Hasta ese momento, las mejores tierras estaban en manos de los eupátridas, por lo que el resto de la población debía contentarse con las menos productivas. Esta situación llevaba a los agricultores más pobres a depender de las cosechas y de las condiciones meteorológicas. Para subsistir, se veían obligados a hipotecar sus tierras e incluso sus propias vidas, ya que, al no poder pagar sus deudas, eran convertidos automáticamente en esclavos de los terratenientes.

La seisactía supuso la abolición de todas estas deudas contraídas por los más pobres hacia los eupátridas, sin que estos recibieran compensación alguna. En definitiva, significó la eliminación de la esclavitud por deudas en el Ática y, además, prohibió que cualquier ciudadano pudiera servir como garantía personal en el pago de préstamos.

Más dudoso es el aspecto que en ocasiones se ha atribuido a esta reforma respecto al reparto de tierras entre los agricultores pobres. Es posible que lo que realmente sucediera fuera el regreso de los exiliados que habían emigrado para evitar la esclavitud y que, tras la reforma, recuperaron sus tierras libres de deudas con la aristocracia ateniense.

Si hoy se nos dijera que nuestros derechos y obligaciones dependerán de nuestra riqueza, probablemente lo rechazaríamos frontalmente. Sin embargo, trasladados al Ática del siglo VII a n. e., esta medida supuso una auténtica revolución. A partir de entonces, con la reforma de Solón, lo importante pasó a ser la situación económica y no el estatus de nacimiento. Esto permitió el acceso a los cargos políticos a comerciantes y artesanos que habían prosperado económicamente.

Solón creó cuatro categorías sociales: los pentacosiomedimnos (más de 500 medimnos anuales), los hippeis (más de 300), los zeugitas (más de 200) y, por último, los thetes (menos de 200). Los medimnos eran una medida de capacidad del cereal, principal fuente de riqueza en la antigua Grecia. Este cambio también favoreció la expansión del uso de la moneda en la sociedad ateniense.

Tras dividir en clases sociales a los atenienses, y para contentar en parte a los terratenientes, dispuso que solo las dos primeras clases pudieran acceder a las magistraturas más importantes.

Otras leyes dirigidas al derecho personal

Las libertades individuales constituían uno de los principales campos de conflicto en la sociedad ateniense, especialmente en el ámbito familiar. Hasta las reformas de Solón, la vida de los hijos pertenecía a los padres, quienes tenían incluso derecho a quitársela si lo consideraban necesario. Evidentemente, Solón prohibió esta práctica.

Pero sus reformas no terminaron ahí. También prohibió la mendicidad infantil, uno de los recursos utilizados por algunas familias para subsistir. Además, impuso a los padres la obligación de enseñar un oficio a sus hijos y estableció el derecho de estos a heredar los bienes familiares para continuar los negocios.

Entre las leyes dirigidas a la vida social destaca una especialmente llamativa: Solón limitó los gastos en los funerales aristocráticos. El derroche que acompañaba estas ceremonias se había convertido en una provocación para los sectores más pobres de Atenas.

La reforma de la constitución ateniense

Sin duda, uno de los mayores logros de Solón fue su reforma institucional, que supuso un importante acercamiento de los ciudadanos a la vida política.

El número de arcontes, que hasta ese momento era de tres, se elevó a nueve. Estos se repartían las funciones legislativas, judiciales, administrativas y ejecutivas. Al arcontado solo podían acceder los pentacosiomedimnos, elegidos por sorteo entre los candidatos presentados por cada una de las cuatro tribus del Ática.

Por otro lado, convirtió la Ekklesía en la asamblea principal de la ciudad. En ella se reunían todos los ciudadanos varones del Ática que hubieran prestado servicio en el ejército, sin importar su posición social. Esta asamblea se reunía con frecuencia para decidir los asuntos más importantes de la ciudad, aprobar leyes o elegir magistrados mediante votación a mano alzada.

Representación de la Ekklesía, desconocemos las edificaciones de Atenas en el siglo VII a. n. e., imagen creada con IA (Copilot/J. M. Escalante)

Otra institución creada por Solón fue la Bulé, compuesta por 400 miembros elegidos entre las cuatro tribus, cien por cada una. Con la particularidad de que el número de eupátridas no podía superar los 75, con el fin de favorecer la representación de las distintas clases sociales. Aunque su papel inicial no está completamente claro, con el tiempo se convirtió en una institución fundamental, encargada de preparar los asuntos que trataría la Ekklesía.

La institución judicial más importante fue la Heliea, verdadero símbolo de que la justicia pertenecía al pueblo ateniense. Estaba formada por 6.000 miembros elegidos por sorteo, y a ella podía acudir cualquier ciudadano para defender sus derechos frente al antiguo poder aristocrático del Consejo del Areópago. Este último también fue reformado por Solón, permitiendo el acceso a todos los magistrados retirados, y no únicamente a los eupátridas.

Reformando la economía.

Solón comprendía que la democracia no podía consolidarse sin una base económica estable. Por ello, sus reformas también afectaron a la agricultura y a la ganadería.

Hasta su llegada, el Ática sufría una constante pérdida de población debido a la escasez de cereales. Para paliar este problema, promovió progresivamente el cultivo de vid y olivo, productos muy demandados en el comercio oriental. Gracias a su intercambio por cereal, los atenienses pudieron garantizar su alimentación sin abandonar sus territorios.

La vid se convirtió en base fundamental de la economía griega, imagen creada con IA (Copilot/J. M. Escalante)

Entre las medidas más curiosas destacan las destinadas a proteger la ganadería. Para reducir las pérdidas de ganado, Solón estableció recompensas económicas por la caza de lobos.

Asimismo, impulsó la creación de medidas de peso y capacidad estables, además de fomentar la acuñación de moneda ateniense con la lechuza y el olivo, utilizando la plata de las minas de Laurión. Introdujo el medimno como unidad para sólidos y la metreta para líquidos, facilitando el desarrollo del comercio y de la nueva economía agrícola.

A fin de cuentas, Solón no dejó instaurado un sistema democrático pleno en Atenas, ya que aún quedaba un largo camino por recorrer. Sin embargo, logró otorgar al pueblo una voz política que hasta entonces no había tenido.

Tras Solón llegaron figuras como el tirano Pisístrato, que consolidó sus reformas económicas, y posteriormente Clístenes, Efialtes y Pericles, quienes perfeccionaron sus disposiciones hasta convertir a Atenas, en el siglo V a. n. e., en el gran modelo democrático de la antigüedad. Este sistema sería posteriormente adaptado por otra gran potencia mediterránea: la República romana. Por todo ello, podemos afirmar que Solón fue el griego que sentó las bases de la democracia.

Fuentes:

Fernández P. (2014). Historia Antigua Universal II. El mundo griego. Madrid: UNED

Perea S. (2020). Vida y civilización de los griegos. Madrid. Silex

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